Resistencia a los antibióticos

Resistencia a los antibióticos

¿Que es?
La mala utilización de los antibióticos puede llevar consigo algunos problemas, siendo el principal las resistencias que crean determinadas bacterias ante estos medicamentos.

Esto significa que bacterias que son sensibles a la acción de un antibiótico, con el paso del tiempo dejan de serlo, es decir, estas bacterias se protegen frente a la acción del antibiótico y se vuelven resistentes a él.

La resistencia a los antibióticos es hoy una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo.

La resistencia a los antibióticos puede afectar a cualquier persona, sea cual sea su edad o el país en el que viva.

La resistencia a los antibióticos es un fenómeno natural, aunque el uso indebido de estos fármacos en el ser humano y los animales está acelerando el proceso. Su uso irresponsable, especialmente si se hace a dosis insuficientes o con pautas inadecuadas, elimina las bacterias más sensibles seleccionando las resistentes.

Cada vez es mayor el número de infecciones -por ejemplo, neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis- cuyo tratamiento se vuelve más difícil debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos.

La resistencia a los antibióticos prolonga las estancias hospitalarias, incrementa los costos médicos y aumenta la mortalidad.

Desde hace ya bastante tiempo, las distintas administraciones sanitarias han impulsado campañas promoviendo el uso responsable de los antibióticos, con la finalidad de que estos principios activos hagan el efecto deseado en los pacientes y no surjan complicaciones que potencialmente pueden ser graves

 

Alcance del problema

La resistencia a los antibióticos está aumentando en todo el mundo a niveles peligrosos. Día tras día están apareciendo y propagándose en todo el planeta nuevos mecanismos de resistencia que ponen en peligro nuestra capacidad para tratar las enfermedades infecciosas comunes. Un creciente número de infecciones, como la neumonía, la tuberculosis, la septicemia, la gonorrea o las enfermedades de transmisión alimentaria, son cada vez más difíciles -y a veces imposibles- de tratar, a medida que los antibióticos van perdiendo eficacia.

Allí donde los antibióticos se pueden adquirir sin receta médica para uso humano o veterinario, la aparición y propagación de la farmacorresistencia empeora. En los países que carecen de directrices terapéuticas normalizadas, el personal sanitario y veterinario tiene tendencia a prescribirlos -y la población general a consumirlos- en exceso.

Si no se toman medidas urgentes, el mundo está abocado a una era post-antibióticos en la que muchas infecciones comunes y lesiones menores volverán a ser potencialmente mortales.

 

Impacto

Cuando ya no se pueden tratar las infecciones con los antibióticos de primera línea es necesario emplear fármacos más caros. La mayor duración de la enfermedad y del tratamiento, a menudo en el medio hospitalario, incrementa los costos de la atención sanitaria y la carga económica para las familias y la sociedad.

La resistencia a los antibióticos está poniendo en riesgo los logros de la medicina moderna. Si no disponemos de antibióticos eficaces para prevenir y tratar las infecciones, los trasplantes de órganos, la quimioterapia y las intervenciones quirúrgicas se volverán más peligrosas.

 

Para prevenir y controlar la propagación de la resistencia a los antibióticos:

La población general puede:

  • Tomar antibióticos únicamente cuando los prescriba un profesional sanitario certificado.
  • No pedir antibióticos si los profesionales sanitarios dicen que no son necesarios.
  • Seguir siempre las instrucciones de los profesionales sanitarios con respecto al uso de los antibióticos.
  • No utilizar los antibióticos que le hayan sobrado a otros.
  • Prevenir las infecciones lavándose frecuentemente las manos, preparando los alimentos en condiciones higiénicas, evitando el contacto cercano con enfermos, adoptando medidas de protección en las relaciones sexuales y manteniendo las vacunaciones al día.

 

Los planificadores de políticas pueden:

  • Poner en práctica planes nacionales de acción para hacer frente a la resistencia a los antibióticos.
  • Mejorar la vigilancia de las infecciones resistentes a los antibióticos.
  • Reforzar las políticas, los programas y la aplicación de las medidas de prevención y control de las infecciones.
  • Reglamentar y fomentar el uso y la eliminación apropiada de medicamentos de calidad garantizada.
  • Informar sobre el impacto de la resistencia a los antibióticos.

 

Los profesionales de la salud pueden:

  • Evitar las infecciones velando por la limpieza de las manos, el instrumental y el entorno.
  • Prescribir y dispensar antibióticos solo cuando sean necesarios, de conformidad con las directrices en vigor.
  • Notificar las infecciones resistentes a los antibióticos a los equipos de vigilancia.
  • Informar a los pacientes sobre cómo tomar los antibióticos correctamente, la resistencia a estos fármacos y los peligros de su uso indebido.
  • Informar a los pacientes sobre cómo se pueden prevenir las infecciones (por ejemplo, vacunándose, lavándose las manos, velando por la seguridad de las relaciones sexuales o cubriéndose la boca y la nariz al estornudar).

 

El sector de la salud puede:

  • Invertir en la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos, vacunas, productos diagnósticos y otros instrumentos.

 

El sector agrícola puede:

  • Administrar antibióticos a los animales únicamente bajo supervisión veterinaria.
  • No utilizar antibióticos para estimular el crecimiento ni para prevenir enfermedades en animales sanos.
  • Vacunar a los animales para reducir la necesidad de antibióticos y utilizar alternativas a estos siempre que las haya.
  • Fomentar y aplicar buenas prácticas en todos los eslabones de la producción de alimentos de origen animal y vegetal.
  • Fomentar la seguridad biológica en las granjas para prevenir las infecciones mediante la mejora de la higiene y el bienestar de los animales.