Trastornos del espectro autista

Trastornos del espectro autista

El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y dura toda la vida. Afecta cómo una persona se comporta, interactúa con otros, se comunica y aprende. Este trastorno incluye lo que se conocía como síndrome de Asperger y el Trastorno Generalizado del Desarrollo No Especificado.

Se lo llama “trastorno de espectro” porque diferentes personas con TEA pueden tener una gran variedad de síntomas distintos. Estas pueden tener problemas para hablar con usted y es posible que no lo miren a los ojos cuando usted les habla. Además, pueden tener intereses limitados y comportamientos repetitivos. Es posible que pasen mucho tiempo ordenando cosas o repitiendo una frase una y otra vez. Parecieran estar en su “propio mundo”.

Durante los chequeos regulares, el doctor debería examinar el desarrollo de su niño. Si existen signos de TEA, su niño tendrá una evaluación completa y exhaustiva. Esta puede incluir un equipo de especialistas que realizarán varios exámenes y evaluaciones para llegar a un diagnóstico.

No se conocen las causas del trastorno del espectro autista. Las investigaciones sugieren que tanto los genes como los factores ambientales juegan un rol importante.

Actualmente, no existe un tratamiento estándar para el TEA. Hay muchas maneras de maximizar la capacidad del niño para crecer y aprender nuevas habilidades. Cuanto antes se comience, mayores son las probabilidades de tener más efectos positivos en los síntomas y las aptitudes. Los tratamientos incluyen terapias de comportamiento y de comunicación, desarrollo de habilidades y/o medicamentos para controlar los síntomas.

La incidencia de los T.E.A., según el CDC (Centro para el Control y Prevención de Enfermedades) es de 1 de cada 68 niños, con una predominancia de 5 a 1 para el sexo masculino, y una presencia de discapacidad intelectual asociada en un 50% de los casos.

 

DIAGNÓSTICO

No existen estudios médicos para el diagnóstico de los T.E.A., el mismo se realiza en base a la observación cualificada del comportamiento del niño, y debe ser llevada a cabo por un Médico o Psicólogo con entrenamiento específico y amplia experiencia clínica.

Una evaluación diagnóstica adecuada debe incluir observaciones clínicas directas, entrevistas a padres y maestros y una evaluación completa de desarrollo, mediante tests estandarizados, que abarque habilidades cognitivas, de comunicación y lenguaje, funcionamiento adaptativo, habilidades motoras y viso-motoras, y habilidades de juego y socialización.

 

DETECCIÓN TEMPRANA

Si bien en la actualidad no existe una cura para los T.E.A., la intervención temprana puede hacer una gran diferencia en la calidad de vida de estos niños y sus familias. Las investigaciones indican que una intervención temprana en un entorno educativo apropiado, puede reducir significativamente los síntomas y manifestaciones del trastorno en los niños.

La formación de profesionales que trabajan en el área pediátrica, así como de padres y cuidadores de niños pequeños, resulta de vital importancia para la detección de comportamientos inusuales que podrían ser indicadores precoces de un T.E.A..

 

SIGNOS DE ALERTA ENTRE LOS 18 Y 36 MESES

Entre el año y medio y los 3 años de edad, sería recomendable consultar con un especialista si su hijo presenta algunas de estas conductas:

  • No responde al nombre cuando lo llaman
  • No tiene buen contacto visual y/o no responde a su cara o a su sonrisa
  • No mira la cara del adulto al enfrentarse a algo desconocido
  • No mira un objeto que le señalan o que otro está mirando
  • No acerca objetos para mostrárselos ni muestra lo que está haciendo
  • No señala con el índice para pedir objetos y para compartir con otro algo de su interés
  • No imita sus acciones, gestos o vocalizaciones de manera espontánea
  • Tiende a aislarse, o parece estar más interesado en los objetos que en las personas
  • No muestra interés en los otros niños de su edad o no sabe iniciar juego con ellos
  • No desarrolla lenguaje verbal, o bien lo utiliza de manera poco convencional repitiendo literalmente lo que oye o ha oído (frases de otros, fragmentos de películas o canciones, etc.)
  • Hace movimientos atípicos con sus manos o con su cuerpo (girar sobre sí mismo, aletear, hacer ruiditos, caminar en puntas de pie, etc.)
  • Utiliza los juguetes de forma atípica (alineándolos o moviéndolos de forma repetitiva, etc.)
  • No realiza juego simbólico o de simulación (hacer de cuenta que un bloque de madera es un avión o un teléfono, etc.)
  • Tiene berrinches desmedidos y a veces sin motivo aparente
  • Se muestra inflexible a los cambios (en los recorridos habituales, en la disposición de los objetos, al querer compartir un juego con él, etc.)
  • Presenta respuestas extrañas a estímulos sensoriales (umbrales altos al dolor, hipersensibilidad a los sonidos o a determinadas texturas, fascinación por ciertos estímulos visuales, etc.)

 

¿QUÉ HACER FRENTE A UNA SOSPECHA?

Ante la presencia de algún indicador precoz o la sospecha de un posible Trastorno del Espectro Autista es preciso consultar rápidamente a un Pediatra o Neurólogo especializado.

En la actualidad los TEA pueden detectarse desde muy temprana edad, pero para ello, hay que tener un elevado índice de sospecha por parte de padres y profesionales.

Desde tan solo 18 meses de edad se puede establecer señales de alarma que indiquen un elevado riesgo, o al menos una alerta.

 

 

Fuentes: Medlineplus / Fundación ASEMCO